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La Coctelera

rnewby334

12 Abril 2012

Finales y comienzos

Como llegamos al final del semestre, del año escolar (de hecho que este es el último blog de la clase), me parece apropiado escribir sobre finales, que luego entorna a comienzos. Es posible que estas serán las últimas semanas que tengo de formación formal. ¡Y qué cosa más rara puesto que mis 22 años hasta el momento he pasado en la escuela! Siempre que haya cierres a etapas de la vida, lleva algo de tristeza, de aprehensión o de incertidumbre. ¿Qué hay por venir? ¿Qué te toca en la vida? A la vez, estas terminaciones traen algo de misterio, de lo desconocido, de aventura y sobre todo de oportunidad. Finales nos llevan a nuevos comienzos. No sé qué me toca, pero tengo el mundo de oportunidades y descubrimientos a mi alcance. Comienzos también causan algo de recelo: ¿he escogido bien el camino? ¿realmente quiero mudarme allí? Pero los nervios son una parte natural del proceso de acabar y empezar. Últimamente en clase hemos hablado de sensaciones: creo que esta cabe en la categoría de sensaciones universales, esta de alejarse de lo familiar para abordar un territorio nuevo. Un momento de soltar lo conocido para ver adónde nos vamos a parar.

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20 Marzo 2012

La clase en otro ambiente

Si nuestra clase de “Escribir como un nativo” era en La puerta del Sol en vez del aula en Calle de Prim, creo que sería un fracaso total. En principio, siempre hay mucha gente por allí todos los días y incluso unos días hay manifestaciones. El ruido sería intolerable para tener una clase. Para quedarnos, nos reuniríamos al lado del oso, como siempre suele hacer al reunir con amigos en Sol. En vez de tener escritorios para sentarnos, tendríamos que sentarnos en la piedra alrededor de la fuente en el centro de la plaza. Otro problema es que, durante las clase, los hombres por allí suelen decir “Compramos oro” o “Comer el buffet libre” o incluso invitarnos a una copa gratis y así distraernos de las lecciones de Mercedes. Creo que en este ambiente, Mercedes estaría contenta con que no hace falta abrir las ventas para dejar entrar aire porque ya estaríamos al aire libre: a lo mejor unos días haría demasiado frío para aguantar o demasiado calor en el sol directo del mediodía. La única cosa que quizás nos ayudaría en tener la clase en el ambiente de Sol sería la oportunidad de observar a tantas personas interactuando: alimentación para la escritura.

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7 Marzo 2012

La metafísica

Ayer en una de mis clases de literatura estábamos hablando del valor de ciertos géneros de la literatura. Específicamente, tratamos la novela policiaca y como falta la metafísica. Hasta cierto punto tiene peripecias en que a veces pasan cosas inesperadas, pero siempre termina el mismo. Sabemos que la policía o el detective va a interrogar varias veces al sospechoso equivocado antes de detener al criminal verdadero. No ofrece nada abstracto o trascendental. A mí me gusta de vez en cuando coger una novela policiaca de la biblioteca, o incluso simplemente mirar en la tele un programa policiaca: son entretenidos. Sin embargo, es cierto que, después de leer un tal libro, no me siento ilustrada ni más inteligente. Bueno, quizás he aprendido pensar como piensa un criminal o reaccionar como reacciona un detective, pero ni soy uno ni el otro. Me he disfrutado y entretenida, pero ¿qué más? Por mi parte, no sé si podría clasificar géneros tal y como el de la novela policiaca como literatura verdadera y ciertamente no podría clasificarlos nunca como canónicos. Dame libros como, por ejemplo, “The Great Gatsby” de F. Scott Fitzgerald o “The Brother’s Karamazov” de Dostoievski o "La vida es sueño" de Calderón de la Barca o "Fuenteovejuna" de Lope de la Vega “The Sun Also Rises” de Ernest Hemingway (para nombrar muy pocos): en ellos no solo se encuentra la acción y los eventos de la vida cotidiana, sino hay cierta metafísica que hace que el lector piensa en su vida, en sí mismo. Son ellos, en mi opinión, que se ilustran y que se dan inteligencia. Son literatura.

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26 Febrero 2012

Huela a...

No damos mérito suficiente al sentido olfativo. Cuando un criminal rapta a alguien, lo típico es tapar los ojos para que el raptado no se pueda ver donde está secuestrado o el camino para llegar allí. De por supuesto que la visión es el sentido más importante, y luego el habla, como visto en la práctica de amordazar al secuestrado y a llevar a cabo conversaciones confidenciales detrás de puertas cerradas.

Para mí, una de las cosa que me hace pensar en otro lugar es el olor. El otro día estaba sentada y leyendo en un banco en el sol en la Plaza de España cuando entró en mi nariz el olor de un fuego de carbón haciendo al grill unas hamburguesas y también el olor de comida frita en aceite abundante desde unos quioscos cerca. De inmediato pensé en la feria anual del estado de Carolina del norte y también en los hamburguesas que cocina mi padre en nuestro patio trasero durante el verano. Me hizo pensar en cómo asocio ciertos sitios y recuerdos con ciertos olores.

El olor de estiércol siempre me lleva a la granja de mis padres donde hemos tenidos desde cuando era pequeña caballos y cabras y ovejas y vacas y gallinas. La fragancia del vapor emitido de una secadora en el aire fresco del invierno me hace pensar en mi universidad donde, al caminar entre los edificios residenciales, olía a ropa recién lavada y secada. La fragancia de los narcisos amarillos me acuerda de la primavera. El olor de la en el aire me acuerda de vacaciones a Atlantic Beach (Carolina del norte) con mi familia durante el verano. Cuando me voy de Madrid, la voy a asociar con el olor de humo de tabaco y la fragancia de pan recién hornada. Un día, en otra pare del mundo, voy a oler esa mezcla de olores y voy a pensar en Madrid y el año que he pasado ahí.

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22 Febrero 2012

Amigos y pensamientos

Estaba pensando el otro día en el hecho de que se puede conocer a un amigo tan bien que al ver la cara o escuchar la voz se reconoce de inmediato que esconde un problema, un secreto, una alegría, una tristeza. Esos amigos son los mejores y todos nosotros necesitamos alguien así en nuestras vidas.

Ese pensamiento me llevó a pensar también en el hecho de que, por mucho que pensamos conocer a alguien, nunca podemos escuchar los pensamientos o ver las imágenes que pasan por la mente de otras personas. A veces este hecho puede ser un confort, pero a la vez puede causarnos mucho inquietud. Igual que nunca podemos conocer completamente a nadie, nadie nos puede conocer totalmente. Me ha pasado unas veces con amigas mías que reconozco algo sobre ellas antes de que se dieran cuenta de dicho asunto por sí mismas. (Por ejemplo, sabía que tenía miedo de romper con su novio por temor de estar soltera otra vez, o estaba irritable aparentemente sin razón pero sabía que estaba más preocupada por la salud de su abuela que quería admitir incluso a sí misma.)

Cuando alguien que no puede ver adentro de nuestro cerebro sabe algo sobre nosotros de que ni hemos pensado, puede ser inquietante o un alivio. Me fascina que a veces nos conocemos a nuestros mismos tan poco que alguien nos puede conocer mejor aun sin acceso a la mente. Pide la pregunta: ¿Cuán bien nos conocemos? ¿Cuán observante y perspicaz somos a nuestros amigos?

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15 Febrero 2012

La prueba

—Dice que hay que esperar tres minutos para recibir resultados precisos.

—Van a ser los minutos más largos de la vida.

— ¿Estás seguro de que quieres hacer esto ahora? Puedes esperar una semana más, a ver si…

—No. Tengo que hacerlo ya. Tengo que saber. Esta cuestión ha estado dominando mis pensamientos. Ni puedo dormir sin soñar en ella o despertarme en pánico, tocando la barriga para asegurarme de que es plana todavía.

—Vale. Tienes razón. ¿Has pensado en que harías si fuera positiva?

—Claro.

— ¿Y…?

—Voy a cruzar ese puente siempre y cuando llegara a ello.

—Vale, vale. Mejor así, supongo.

—Bueno, dámela. Es mejor que ya me lo quite de encima.

—Aquí está. ¿Te espero aquí en la habitación?

—Sí. Regreso en seguida para que pueda pasar esos minutos más duros contigo.

—Vale. Pues, ¡ánimo! Seguro que todo resultará bien.

—Ja. Seguramente…oye, gracias por estar aquí conmigo.

—Nada. Estarías aquí conmigo si fueras yo…para eso hay amigas.

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11 Febrero 2012

Los fuegos artificiales

Los fuegos artificiales son una parte tradicional de las fiestas del Año Nuevo y del Día de Independencia en Estados Unidos. Son magníficos en su breve exhibición glorioso de colores y geometría, una explosión espléndido. Los fuegos artificiales no son excesivamente detestables en Estados Unidos: un poquito ruidoso, pero normalmente en la distancia no son más fuertes que el sonido de las semillas de palomitas haciendo explosiones en la microondas en su bolsa recubierta en mantequilla.

En Madrid (España) también saludan al Año Nuevo con las explosiones de fuegos artificiales. La noche del 30 de diciembre de 2011 oí los primeros fuegos artificiales estallar en las calles de Madrid: pensé que había estallado una pequeña bomba en mi calle. (¿Quién hubiera pensado que la Calle del Espíritu Santo hubiera sido el objetivo de los terroristas?) Vi un destello de luz aunque estaban cerrados las cortinas y bajado la persiana de mi habitación. Salté de la cama, casi tirando el libro que estaba leyendo al otro lado del cuarto. De prisa encontré a mi compañera de piso en el salón para preguntarla si había oído las explosiones, preguntándome qué había pasado. Con calma ella me informó que solo fueron los fuegos artificiales, que nadie había muerto en la calle abajo.

Después de la medianoche me caí dormida, pero no sin el ruido de los fuegos artificiales atravesando la ciudad como el ruido en la distancia de una ametralladora como en las películas de la segunda guerra mundial. Sobre las tres de la mañana, me desperté de repente: alguien había disparado un fusil en la calle bajo mi balcón. Lo juraría en un tribunal. Mas mientras recobraba la consciencia, quitándome el sueño completamente, supe que solo fue uno de esos fuegos artificiales otra vez: una luz explosiva que me estaba robando de una noche de dormir en vez de un español enojado solucionando una disputa sobre el honor de su familia en la calle abajo con una pistola.

No habría descanso para los cansados esa noche mientras el mundo marcaba el comienzo del 2012. En Madrid lo saludarían con una escaramuza ensorcedora de chispas retumbando por los muros y edificios ancianos de las estrechas calles de piedra.

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27 Enero 2012

Tomates

Cuidadosamente la abuelita tocó los tomates en la cesta encima de la barra de la cocina. Buscaba el tomate perfectamente a sazón según su gusto, llevándolos uno por uno de la cesta para darles la vuelta para inspeccionar la blandura. Escogiendo uno y caminando hacia el fregadero, se acordó de los días de su juventud cuando, en vez de esperar a que un vecino amable le llevara una cesta de vegetales del supermercado, ella misma trabajaría en la mugre de su propio jardín, cultivando varios especies de hortaliza. Al abrir el grifo, ella frotó suavemente la cáscara rojiza de la fruta bajo el agua. En aquellos días de su memoria, las cáscaras siempre fueron escarlatas al coger los tomates de la planta; no llevaron esta ropa descolorido al borde de naranja-amarillo a que solían los tomates de hoy en día. Cerrando el grifo, la abuela colocó el tomate encima de la tabla de cortar y cogió un cuchillo de mondar, apoyándose con una mano en la barra para estabilizar su cuerpo viejo. A ella le gustaba pelar los tomates porque le molestaba cuando la cáscara se pegara en los dientes. Le resultó difícil separar la piel firme de la pulpa blanda; a lo largo de la vida, sus manos, una vez no tan diferentes en textura que el tomate, firmes y suaves, se habían hinchadas, deformadas con el artritis. Cortó el tomate pelado en lonchas. Se preparó un simple bocadillo, extendiendo mayonesa sobre una rebanada de pan antes de poner los trozos de tomate. Llevó el sándwich en un plato a la mesa, sentándose con cuidado. Subiendo el bocadillo a su boca, la mordió. Al saborearla, sonrió. Con los años habían cambiado muchas cosas, pero el simple placer de esta merienda preferida se quedó el mismo. La abuelita cerró los ojos y dejó que el joven sabor le llevara atrás.

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