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La Coctelera

rnewby334

27 Enero 2012

Tomates

Cuidadosamente la abuelita tocó los tomates en la cesta encima de la barra de la cocina. Buscaba el tomate perfectamente a sazón según su gusto, llevándolos uno por uno de la cesta para darles la vuelta para inspeccionar la blandura. Escogiendo uno y caminando hacia el fregadero, se acordó de los días de su juventud cuando, en vez de esperar a que un vecino amable le llevara una cesta de vegetales del supermercado, ella misma trabajaría en la mugre de su propio jardín, cultivando varios especies de hortaliza. Al abrir el grifo, ella frotó suavemente la cáscara rojiza de la fruta bajo el agua. En aquellos días de su memoria, las cáscaras siempre fueron escarlatas al coger los tomates de la planta; no llevaron esta ropa descolorido al borde de naranja-amarillo a que solían los tomates de hoy en día. Cerrando el grifo, la abuela colocó el tomate encima de la tabla de cortar y cogió un cuchillo de mondar, apoyándose con una mano en la barra para estabilizar su cuerpo viejo. A ella le gustaba pelar los tomates porque le molestaba cuando la cáscara se pegara en los dientes. Le resultó difícil separar la piel firme de la pulpa blanda; a lo largo de la vida, sus manos, una vez no tan diferentes en textura que el tomate, firmes y suaves, se habían hinchadas, deformadas con el artritis. Cortó el tomate pelado en lonchas. Se preparó un simple bocadillo, extendiendo mayonesa sobre una rebanada de pan antes de poner los trozos de tomate. Llevó el sándwich en un plato a la mesa, sentándose con cuidado. Subiendo el bocadillo a su boca, la mordió. Al saborearla, sonrió. Con los años habían cambiado muchas cosas, pero el simple placer de esta merienda preferida se quedó el mismo. La abuelita cerró los ojos y dejó que el joven sabor le llevara atrás.

servido por Ruth 2 comentarios compártelo

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Antonio

Antonio dijo

¡Me gusta esto muchísimo! Me recuerda a cómo yo me siento cuando como un sandwich de atún. Siempre me pongo así como la abuelita de tu cuento. Y espero que siempre sea así. Al fin de esto, sentí escalofríos porque entendí perfectamente bien lo que escribiste. ¡Bien hecho!

1 Febrero 2012 | 05:23 PM

Mercedes

Mercedes dijo

Pues yo envidio ese placer de la abuelita porque por aquí ya es muy difícil oler y saborear un tomate como los "antiguos", aquellos que yo comía en el pueblo de mi madre cuando iba los veranos. Pero en la memoria sí que ha quedado su aroma y el placer de comerlos.

2 Febrero 2012 | 06:19 PM

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